miércoles, 8 de marzo de 2017

UNAS REFLEXIONES DESLAVAZADAS EN UN 8 DE MARZO

Mi infancia son recuerdos de un patio no sevillano, como el del poeta, sino de colegio femenino, de juegos "de niñas" y de una falda de uniforme que picaba horrores. También de recomendaciones del tipo "échate la ropa antes de sentarte y hazlo con las piernas cerradas", "aguántate las faldas que se te ve el culo" o "sé más femenina y menos desaliñada", y es que a mí siempre me ha molestado ir revestida, creo que mi estado ideal sería el del paraíso terrenal, y me encantaba que mi querido viento de levante me arremolinara los bajos. 

En mis libros escolares apenas aparecían mujeres: Isabel la Católica e Isabel II y Rosalía de Castro en el de Literatura de segundo de BUP, más alguna mención de pasada a Beatriz de Galindo, Gertrudis Gómez de Avellaneda, mi querida Tula, Carolina Coronado o Marie Curie. Eso sí, el de Latín de tercero tenía en portada el busto de una patricia representado en un mosaico. 

Mi adolescencia fue tiempo de rebeldía, de no acomodarme a los modelos al uso. Fui una chica rara a la que los amoríos interesaban poco, a la que los chavales de su edad le resultaban insulsos y las famosas conversaciones "de chicas" le hastiaban sobremanera. Sin embargo tuve muy buenas amigas. Las cosas cambiaban y por fortuna ya había muchos "bichos raros" como yo. 

En mi juventud hay recuerdos que nunca debieron estar ahí. No puedo decir que me hayan marcado, gracias a que mi natural no es dado al reconcome, pero sobre todo, no lo han hecho porque en esos momentos siempre me negué a ser el sujeto pasivo: borderías, "piropos", tocamientos, exhibiciones no deseadas, sustos... Sin embargo, estos incidentes jamás debieron ocurrir, ya que, fuera cual fuera mi actitud hacia ellos, me pasaban por el mero hecho de ser mujer, por ser una chica a la que le daba la gana llevar la falda corta, volver sola de noche por las callejas del Barrio de Santa Cruz o simplemente tener la osadía, ¡madre mía!, de ir salir a en pleno día a la calle, ¿quién ha visto tal atrevimiento? 

Hoy también quiero tener un recuerdo para esos profesores que todavía nos miraban con condescendencia a las estudiantes y también para aquellos ante los que tuve que plantar mis armas (Latín, Griego, Hebreo y conocimientos de crítica literaria y exegética) para dejar de ser "la niña" en Teología, pero sobre todo para aquel patrono que rechazó la propuesta de otros profesores (los que reconocían mi valía sin mirar sexo) para que me hiciera cargo de la asignatura de Latín porque "una mujer nunca ha sido profesora del CET". Veintidós años y primer desengaño laboral.

Y sí, en mi vida ha habido de todo. Tengo que reconocer que más bueno que malo: siempre he tenido grandes amigos varones muy cómplices, sé que he sido y soy valorada por mi trabajo y por mis escritos y en la cuestión sentimental el balance de mis experiencias es positivo. 

En esta mirada retrospectiva de 8 de Marzo, soy consciente de que al lado de otras mujeres, puedo considerarme una privilegiada: en medio del sistema patriarcal en el que todos, hombres y mujeres, vivimos, no he sufrido mutilaciones en mi cuerpo ni he sido obligada a casarme de niña con un desconocido, he podido estudiar aquello que elegí y desarrollar mi vocación profesional con más o menos trabas, manejo mi propio dinero, fui madre cuándo y cómo quise, y nunca ninguna pareja me ha maltratado ni física ni psicológicamente. 

Y ahora vendrán los que digan que de qué me quejo, que para qué reivindicar, si ya está todo conseguido, al menos en nuestra sociedad.

¿Para qué?

Pues muy sencillo. Ya va por delante que he dicho que me considero una privilegiada, pero también que no soy paradigma de nada. Mientras una sola mujer sea discriminada, en cualquier sociedad, por el mero hecho de serlo, habrá que seguir luchando.

Pero es que además, a esta "privilegiada" la educaron de modo diferente a sus hermanos varones, la trataron a veces como un objeto del que se puede opinar con descaro y al que se puede manosear, intentaron (porque en mi caso no pudieron) coartarle su sacrosanta libertad de vestir como mejor le pareciera y de ir a donde le diera la gana a la hora que mejor le conviniera, todavía la miraron ciertos dinosaurios académicos (que no fueron mayoría, pero más de uno hubo) con condescendencia y le negaron su primera oportunidad laboral por llevar faldas (por cierto, el que se la negó también las llevaba). Así que, de ahí, para abajo. 

Porque aunque lo mío no ha sido lo más grave, no quiero que mi hija tenga que pasar por ello. Por eso a mi hija la he educado igual que a su hermano, sin ningún plus ni de sumisión ni de pudor. Pero, desgraciadamente, a la sociedad todavía le falta mucho para garantizar que nuestras hijas no vayan a ser discriminadas, tratadas como objetos, violentadas o maltratadas. 

Para dejar un futuro mejor a las que nos sucederán, en memoria de las que nos precedieron y para reivindicación de las que hoy todavía están oprimidas, seguiremos en la brecha. Es día de reivindicación, pero desgraciadamente todavía no lo es de felicitación. 





jueves, 2 de febrero de 2017

MIRADA


Ni la oscuridad de las negras simas,
ni el silencio abisal de las profundidades
enredado entre las sombras de los espectros,
ni el rojo engañoso del fruto de la granada
o los fatales abrazos de Hades
lograron, mi Perséfone, apagar el brillo de tus ojos.
Porque eres luz y a la luz vuelves,
porque tu corazón alberga mil ternuras
y tu mirada proyecta tonalidades
en un arcoíris henchido de promesas,
descubres que sólo tú pintas la vida,
que hay en tu alma una paleta de colores,
una gama sin fin de emociones y sueños,
polvo de estrellas, hilos de esperanza
para tejer el bello tapiz de tus anhelos.

(Del poemario Perséfone)



sábado, 21 de enero de 2017

PERSÉFONE

En este otoño en el que caen las hojas
del tiempo perdido y la memoria amada
siento el desprendido silencio de tu ausencia
y te busco, y no te hallo; y te anhelo, y no te tengo.
No sé en qué prado te arrebató negro sino,
en qué floresta se agrietó tu suelo,
por qué entre las muchachas fuiste tú la elegida
para hundirte en los abismos de oscuros lodazales.

En este invierno de estériles heladas,
que calan con impía crueldad los huesos,
removeré el infierno hasta encontrarte,
no importa cuán profunda sea la sima,
ni cuán fuerte el abrazo de Hades.
Ataré mi corazón al tuyo de gacela,
seré tus alas si las tuyas se quebraron
para devolverte a la luz pura y sin miedos.

En este renacer de la vida que se impone,
en el despertar del mundo y de tu historia,
estará prendida mi antorcha ante tus pasos,
que su resplandor te guíe por sendas de esperanza
en el camino que marca el sol de mediodía,
por la estación del céfiro y las suaves mareas,
del murmullo del río y los granados en flor,
para que retornes, Perséfone, de la otra orilla.



Escribí este poema hace bastantes meses. Es el primero de un poemario del mismo nombre que querría que hubiera visto la luz hoy, pero que ha decidido retrasar su nacimiento. Persefone es el testimonio de unos meses difíciles, pero también de una fe inquebrantable en la vida, de una esperanza teñida de anhelos y, sobre todo, de un amor tan inconmensurable que es capaz de dar la vuelta al mito, porque Perséfone ya nunca más volverá con Hades. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

PLANTO POR HALAB

La medina y el zoco,
donde olores y aromas
perfumaban la vida
que bullía entre los pasos
y la algarabía de pregones,
hoy humean el hedor
de los cuerpos calcinados.

El caravasar, descanso
del peregrino de alma,
encuentro y acogida
para el nómada caminante
por las sendas de la seda,
ya sólo a la parca alberga
con su pútrida faz ensangrentada.

Callejuelas del silencio
por las que el amor se perdía,
murallas para contener
la memoria y el olvido
por siete puertas clausuradas,
yacen ahora en la escombrera
que sepulta la ignominia.

El sonido acompasado
en los versos del qudud
y las estrofas del máqam
con los acordes del tarab,
deleite y gozo del sammi’a,
se trocan en grito de muerte
que se quiebra en las gargantas.

Nada queda, sólo el macabro silbido
del misil, mensajero de horrores,
el negro repiqueteo de la metralla,
y el trueno fatídico del obús ciego.

Nada permanece.
                  Desolación.
                            Miedo.
                                      Angustia...

La angustia negra del abismo,
del crepitar infernal de las hogueras
que asola a la bella dama del Oriente,
desposeída de sus hijos sin piedad.

Los despojos de Halab se desangran,
mientras el mundo danza indiferente.

sábado, 29 de octubre de 2016

ELEGÍA POR LA VENTA DE LOS GATOS



A Pilar Alcalá y Luis Manuel Guerra



El ronroneo melancólico de la tarde
en este otoño de dorados claroscuros,
sentir entre mis manos su suavidad de seda
mientras las garras del dolor se clavan en el alma.
Contemplar los misterios en ojos ambarinos
resplandecientes en la penumbra de la amnesia,
y sentir en arañazo la incuria del destino
que se vuelve a trocar desolación y silencio.

¿Retornará la vida al amparo de la sílaba?
¿Revolotearán gorriones en rimas encendidas?
¿Crecerá la madreselva para cobijar a los amantes?

No es el carro de los muertos
ni el sepulturero de negra estampa
o el repicar lúgubre de la triste campanilla;
no es el arrastrar los pasos
ni el mudo cortejo de los espectros
o la locura destilada entre delirios.
Es la sinrazón sin nombre ni sentido,
la ignorancia de unos y la codicia de otros,
el amargo fruto de la necedad sin tino...

               Mas volverán los gatos a la venta
               con su poético andar en sinalefas acompasado
               y sus ojos serán metáfora del tiempo
               que retorna en la redondez de sus iris de fuego.

lunes, 10 de octubre de 2016

CARTA ABIERTA A ADRIÁN DE UNA "ANIMALISTA IMPERFECTA"


Querido Adrián:

Es posible que nunca leas esta carta, es más, desearía fervientemente que jamás lo hicieras pues eso significaría que tu infantil existencia se mantiene alejada y a salvo del revuelo mediático que en torno a tu persona se ha formado, tal y como corresponde a tus ocho años. Y es que un niño tendría siempre que habitar en ese país encantado en el que las tardes saben a regaliz, no hay más ocupación que los libros y los juegos, y los mayores problemas son los que se resuelven en clase de Mates, ese paraíso del que a ti prematuramente te arrojara el monstruo que un día se apoderó de tu tierno cuerpo de infante.

Sin embargo, a pesar de que te deseo lejos de esa cueva de alimañas que a veces son las redes sociales, por más que quiero pensar que tus ojos no van a recorrer estos párrafos, algo en mi interior me empuja a dirigirme a ti para pedirte con todo mi corazón que luches y vivas, que ganes la batalla al "mal bicho", porque sé que lo vas a hacer, que no te vas a rendir y que en ti la vida se impondrá para abrirte los ventanales del futuro.

Sí, yo, "animalista imperfecta", incoherente a veces, grito hoy en este universo virtual, en el que tantos exabruptos resuenan, que quiero que sanes, que puedas olvidarte de tratamientos y hospitales y volver a esa cotidianidad de niño de la que nunca te debió de arrebatar el cáncer. Y no entiendo, no, no me cabe en la cabeza cómo alguien puede maldecirte con la muerte. ¡Qué contrasentido! Defender la vida con la muerte, hacer bandera contra el maltrato maltratando, llamarse "animalista" y alegrarse del mal de un cachorro humano. No, ese saco de basura, ese cacho de carne con ojos que profirió tal barbaridad, no es animalista, ni siquiera sabe qué es el animalismo, está a años luz de la defensa de los seres vivos, no es más que una grotesca parodia de lo que pretende abanderar. Un verdadero animalista jamás buscaría el dolor y el sufrimiento de un ser de ninguna especie, incluida la humana, jamás se ensañaría con una criatura, con una cría, no recurriría a la violencia, aunque esta sea verbal, para defender sus ideales. Una persona animalista ama la vida, la respeta y no aboga por la pena de muerte porque sabe que no tiene derecho a arrebatar sin más a los seres la existencia. 

Como comprenderás, Adrián, a una "animalista imperfecta" como la que te habla, aunque no es ni por asomo ningún Francisco de Asís, no le hace gracia alguna el homenaje que te han dispensado. Habría preferido que te hubieran organizado una fiesta en alguna dehesa para que pudieras contemplar la belleza de los toros en libertad, para que sintieras su fuerza animal, su energía, y te enamoraras de ellos de otra manera. Tampoco comparto ni de lejos tus aficiones ni tu supuesta vocación de torero, pero eso no te convierte en reo de muerte. Eres un cachorrillo joven equivocado al que le debería quedar una larga existencia por delante para descubrir el horror y la crueldad que se esconden debajo de los oropeles, la fama y la supuesta gloria del toreo, para poner tu valentía, esa que por desgracia la enfermedad se ha encargado de demostrar con creces que tienes, al servicio de cualquiera de las causas nobles por las que día a día se arriesgan hombres y mujeres. 

Y porque sé que ese engendro cobarde que ha descargado sus miserias contra ti en las redes sociales carece por completo de nobleza para hacerlo, quiero desde aquí, en nombre de todos los "animalistas imperfectos" que no buscamos la muerte y el maltrato de nadie, sino el bienestar de todas las especies (también la humana), enviarte a ti y a tus padres (soy madre y no quiero ni imaginarme el calvario que ellos llevan pasado) un abrazo solidario en vuestra lucha y energía sanadora para las contiendas que restan hasta la victoria final.

Eso sí, Adrián. Cuando estés ya fuerte y recuperado, procura estudiar y formarte. Contempla todas las posibilidades que se abrirán ante tus ojos para elegir una profesión enriquecedora y hermosa en la que desarrollar todas tus potencialidades, porque ojalá para cuando seas mayor la tauromaquia haya desaparecido de la faz de la tierra. Y a buen seguro, un chico como tú vale para mucho más que para maltratar astados. 

Y ahora te dejo descansar. Recibid tú y tus padres un abrazo solidario de esta "animalista imperfecta".