jueves, 2 de febrero de 2017

MIRADA


Ni la oscuridad de las negras simas,
ni el silencio abisal de las profundidades
enredado entre las sombras de los espectros,
ni el rojo engañoso del fruto de la granada
o los fatales abrazos de Hades
lograron, mi Perséfone, apagar el brillo de tus ojos.
Porque eres luz y a la luz vuelves,
porque tu corazón alberga mil ternuras
y tu mirada proyecta tonalidades
en un arcoíris henchido de promesas,
descubres que sólo tú pintas la vida,
que hay en tu alma una paleta de colores,
una gama sin fin de emociones y sueños,
polvo de estrellas, hilos de esperanza
para tejer el bello tapiz de tus anhelos.

(Del poemario Perséfone)



sábado, 21 de enero de 2017

PERSÉFONE

En este otoño en el que caen las hojas
del tiempo perdido y la memoria amada
siento el desprendido silencio de tu ausencia
y te busco, y no te hallo; y te anhelo, y no te tengo.
No sé en qué prado te arrebató negro sino,
en qué floresta se agrietó tu suelo,
por qué entre las muchachas fuiste tú la elegida
para hundirte en los abismos de oscuros lodazales.

En este invierno de estériles heladas,
que calan con impía crueldad los huesos,
removeré el infierno hasta encontrarte,
no importa cuán profunda sea la sima,
ni cuán fuerte el abrazo de Hades.
Ataré mi corazón al tuyo de gacela,
seré tus alas si las tuyas se quebraron
para devolverte a la luz pura y sin miedos.

En este renacer de la vida que se impone,
en el despertar del mundo y de tu historia,
estará prendida mi antorcha ante tus pasos,
que su resplandor te guíe por sendas de esperanza
en el camino que marca el sol de mediodía,
por la estación del céfiro y las suaves mareas,
del murmullo del río y los granados en flor,
para que retornes, Perséfone, de la otra orilla.



Escribí este poema hace bastantes meses. Es el primero de un poemario del mismo nombre que querría que hubiera visto la luz hoy, pero que ha decidido retrasar su nacimiento. Persefone es el testimonio de unos meses difíciles, pero también de una fe inquebrantable en la vida, de una esperanza teñida de anhelos y, sobre todo, de un amor tan inconmensurable que es capaz de dar la vuelta al mito, porque Perséfone ya nunca más volverá con Hades. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

PLANTO POR HALAB

La medina y el zoco,
donde olores y aromas
perfumaban la vida
que bullía entre los pasos
y la algarabía de pregones,
hoy humean el hedor
de los cuerpos calcinados.

El caravasar, descanso
del peregrino de alma,
encuentro y acogida
para el nómada caminante
por las sendas de la seda,
ya sólo a la parca alberga
con su pútrida faz ensangrentada.

Callejuelas del silencio
por las que el amor se perdía,
murallas para contener
la memoria y el olvido
por siete puertas clausuradas,
yacen ahora en la escombrera
que sepulta la ignominia.

El sonido acompasado
en los versos del qudud
y las estrofas del máqam
con los acordes del tarab,
deleite y gozo del sammi’a,
se trocan en grito de muerte
que se quiebra en las gargantas.

Nada queda, sólo el macabro silbido
del misil, mensajero de horrores,
el negro repiqueteo de la metralla,
y el trueno fatídico del obús ciego.

Nada permanece.
                  Desolación.
                            Miedo.
                                      Angustia...

La angustia negra del abismo,
del crepitar infernal de las hogueras
que asola a la bella dama del Oriente,
desposeída de sus hijos sin piedad.

Los despojos de Halab se desangran,
mientras el mundo danza indiferente.

sábado, 29 de octubre de 2016

ELEGÍA POR LA VENTA DE LOS GATOS



A Pilar Alcalá y Luis Manuel Guerra



El ronroneo melancólico de la tarde
en este otoño de dorados claroscuros,
sentir entre mis manos su suavidad de seda
mientras las garras del dolor se clavan en el alma.
Contemplar los misterios en ojos ambarinos
resplandecientes en la penumbra de la amnesia,
y sentir en arañazo la incuria del destino
que se vuelve a trocar desolación y silencio.

¿Retornará la vida al amparo de la sílaba?
¿Revolotearán gorriones en rimas encendidas?
¿Crecerá la madreselva para cobijar a los amantes?

No es el carro de los muertos
ni el sepulturero de negra estampa
o el repicar lúgubre de la triste campanilla;
no es el arrastrar los pasos
ni el mudo cortejo de los espectros
o la locura destilada entre delirios.
Es la sinrazón sin nombre ni sentido,
la ignorancia de unos y la codicia de otros,
el amargo fruto de la necedad sin tino...

               Mas volverán los gatos a la venta
               con su poético andar en sinalefas acompasado
               y sus ojos serán metáfora del tiempo
               que retorna en la redondez de sus iris de fuego.

lunes, 10 de octubre de 2016

CARTA ABIERTA A ADRIÁN DE UNA "ANIMALISTA IMPERFECTA"


Querido Adrián:

Es posible que nunca leas esta carta, es más, desearía fervientemente que jamás lo hicieras pues eso significaría que tu infantil existencia se mantiene alejada y a salvo del revuelo mediático que en torno a tu persona se ha formado, tal y como corresponde a tus ocho años. Y es que un niño tendría siempre que habitar en ese país encantado en el que las tardes saben a regaliz, no hay más ocupación que los libros y los juegos, y los mayores problemas son los que se resuelven en clase de Mates, ese paraíso del que a ti prematuramente te arrojara el monstruo que un día se apoderó de tu tierno cuerpo de infante.

Sin embargo, a pesar de que te deseo lejos de esa cueva de alimañas que a veces son las redes sociales, por más que quiero pensar que tus ojos no van a recorrer estos párrafos, algo en mi interior me empuja a dirigirme a ti para pedirte con todo mi corazón que luches y vivas, que ganes la batalla al "mal bicho", porque sé que lo vas a hacer, que no te vas a rendir y que en ti la vida se impondrá para abrirte los ventanales del futuro.

Sí, yo, "animalista imperfecta", incoherente a veces, grito hoy en este universo virtual, en el que tantos exabruptos resuenan, que quiero que sanes, que puedas olvidarte de tratamientos y hospitales y volver a esa cotidianidad de niño de la que nunca te debió de arrebatar el cáncer. Y no entiendo, no, no me cabe en la cabeza cómo alguien puede maldecirte con la muerte. ¡Qué contrasentido! Defender la vida con la muerte, hacer bandera contra el maltrato maltratando, llamarse "animalista" y alegrarse del mal de un cachorro humano. No, ese saco de basura, ese cacho de carne con ojos que profirió tal barbaridad, no es animalista, ni siquiera sabe qué es el animalismo, está a años luz de la defensa de los seres vivos, no es más que una grotesca parodia de lo que pretende abanderar. Un verdadero animalista jamás buscaría el dolor y el sufrimiento de un ser de ninguna especie, incluida la humana, jamás se ensañaría con una criatura, con una cría, no recurriría a la violencia, aunque esta sea verbal, para defender sus ideales. Una persona animalista ama la vida, la respeta y no aboga por la pena de muerte porque sabe que no tiene derecho a arrebatar sin más a los seres la existencia. 

Como comprenderás, Adrián, a una "animalista imperfecta" como la que te habla, aunque no es ni por asomo ningún Francisco de Asís, no le hace gracia alguna el homenaje que te han dispensado. Habría preferido que te hubieran organizado una fiesta en alguna dehesa para que pudieras contemplar la belleza de los toros en libertad, para que sintieras su fuerza animal, su energía, y te enamoraras de ellos de otra manera. Tampoco comparto ni de lejos tus aficiones ni tu supuesta vocación de torero, pero eso no te convierte en reo de muerte. Eres un cachorrillo joven equivocado al que le debería quedar una larga existencia por delante para descubrir el horror y la crueldad que se esconden debajo de los oropeles, la fama y la supuesta gloria del toreo, para poner tu valentía, esa que por desgracia la enfermedad se ha encargado de demostrar con creces que tienes, al servicio de cualquiera de las causas nobles por las que día a día se arriesgan hombres y mujeres. 

Y porque sé que ese engendro cobarde que ha descargado sus miserias contra ti en las redes sociales carece por completo de nobleza para hacerlo, quiero desde aquí, en nombre de todos los "animalistas imperfectos" que no buscamos la muerte y el maltrato de nadie, sino el bienestar de todas las especies (también la humana), enviarte a ti y a tus padres (soy madre y no quiero ni imaginarme el calvario que ellos llevan pasado) un abrazo solidario en vuestra lucha y energía sanadora para las contiendas que restan hasta la victoria final.

Eso sí, Adrián. Cuando estés ya fuerte y recuperado, procura estudiar y formarte. Contempla todas las posibilidades que se abrirán ante tus ojos para elegir una profesión enriquecedora y hermosa en la que desarrollar todas tus potencialidades, porque ojalá para cuando seas mayor la tauromaquia haya desaparecido de la faz de la tierra. Y a buen seguro, un chico como tú vale para mucho más que para maltratar astados. 

Y ahora te dejo descansar. Recibid tú y tus padres un abrazo solidario de esta "animalista imperfecta".


domingo, 11 de septiembre de 2016

UNA BODA EN LA MEDINA

Hace ya veintidós años, 11 de septiembre de 1994, y era domingo como hoy.

En la medina de Tetuán, que es la ciudad antigua amurallada, se celebran en verano muchas bodas debido a que los viejos palacios del barrio se han acondicionado para estos acontecimientos. Quien quiera ver  una de ellas en todo su esplendor no tiene más que acercarse y podrá comprobar la magnificencia de estos rituales: orquestas, palanquines para pasear a la recién casada, luces, y comida, sobre todo comida. Al caer la tarde las mujeres, ataviadas con los típicos caftanes, que se cubren debajo de la chilaba, vuelven de sus festejos con sus paquetitos de dulces en las manos, y al anochecer comienzan las fiestas de los varones y aquellas en las que se reúne toda la familia. Sin embargo, nuestra boda, por deseo de ambos, fue mucho más sencilla. Aunque se sacrificó un cordero, me vestí de forma adecuada al evento, hubo algarabía de albórbolas y fiesta, nosotros, a diferencia de otras parejas, lo que teníamos que hacer era eso, casarnos, dar nuestro expreso consentimiento ante los abdules cada uno acompañado de un varón de respeto de su familia. Además yo, lo quisiera o no, tenía que recibir mi dote, las dos cosas que más me costaba asimilar de todo este conjunto de ritos y tradiciones. Si yo llevaba años siendo independiente y  gestionando mi vida, ¿a qué venía ahora tener que contar con un familiar, además de sexo masculino, para que me “entregara”? ¿No era yo la que voluntariamente decidía vivir en pareja? ¿Y la dote? ¿No era una especie de “compra” de mi persona? Durante muchos días lo hablamos Khalid y yo. Por la “entrega” no tenía más remedio que pasar, así lo exige la ley, y no servía una mujer (yo creo que eso es lo que más me fastidiaba), pero para eso estaba mi tío que se prestó a hacerme una vez más de padrino (ya lo había sido hace muchos años ante la pila bautismal); ahora bien, a la dote me resistía con todas mis energías: “Vamos, que no ha nacido el tío que me compre, pensaba, que ni con todo el oro del mundo me paga a mí este”. Y él, con la paciencia que le caracteriza, venga a explicarme una y otra vez que no, que no era compra, que eso se considera un regalo que el novio le hace a la esposa, que ese dinero es para ella, no para su padre o su familia, que las mujeres se sienten bien y orgullosas cuando se lo dan. "Sí, le respondía yo, pero eso serán las de aquí, porque lo que soy yo no necesito que tú me hagas ningún “regalo legal” de ese tipo". Así llegamos sin aclararnos al momento de la firma y, como era también requisito imprescindible, opté por preguntar  si existía un mínimo establecido y cuando me dieron una respuesta afirmativa me acogí él como rechazo testimonial a tal práctica. Después de los años he llegado a comprender que para muchas mujeres la dote representa el único dinero verdaderamente propio que van a manejar en la vida y que en su contexto social puede llegar a ser un prestigio el recibir una cuantiosa, por más que a mi me siga pareciendo una especie de compra-venta. Si las mujeres fueran verdaderamente autónomas e independientes, y no me refiero sólo a independencia económica, a buen seguro que rechazarían tales prácticas o estas quedarían reducidas a meros gestos simbólicos, recuerdos del pasado, como las arras que se utilizan en las bodas católicas, que en origen no eran otra cosa que el símbolo de los bienes que el marido compartiría de manera unilateral con su esposa.

Hubo un gesto que sí tuve especial interés en no saltarme, al que de verdad encontré sentido aunque no era de obligado cumplimiento legal, sino una bonita tradición preñada de simbolismo: antes de que la pareja se retire la madre del novio les ofrece dátiles y un tazón de leche del que ambos contrayentes beben. Me parecía que era una bella e íntima manera de sentirme acogida en la que ya consideraba también mi familia, y el hecho de que fuera precisamente su madre la persona que lo oficiaba todavía le confería más valor sentimental y afectivo, un acto de comunión casi sacramental.

Lo que sí me perdí, y me hubiera gustado realizar, es el paseíto en palanquín, ¡con lo bien que me lo hubiera pasado ahí dentro! Pero había una dificultad insalvable y es que ese artilugio se utiliza para llevar a la novia desde la casa de sus padres hasta el domicilio conyugal, ¡y no iba a cruzar el Estrecho dentro de esa caja a hombros de unos esforzados varones! Además, y pensándolo bien, aparte de la juerga que podía yo montar durante el recorrido, no podía olvidar que esta es otra de las formas de encerrar a las mujeres, ya he dicho que casi todos los rituales nupciales suelen ser bastante machistas,  y para encierros los Sanfermines.

Recuerdo con muchísimo cariño este día de mi boda marroquí y aún ahora, no puedo evitar emocionarme mientras escribo estas líneas. Para mi fue la entrada oficial a una realidad muy distinta a la mía y en ese sentido sí puedo considerarlo un ritual de paso, el dintel de una nueva vida en la que tendría que incorporar también otras miradas y experiencias que me obligarían a abrirme a un universo cultural muy diferente en el que tendría que aprender a desenvolverme desde mi propia identidad procurando enriquecer  mi ser con todo el caudal de valores que en él pudiera hallar. Y en ese empeño estoy todavía.
(Inmaculada Calderón: De amores y sabores. Recetas y secretos de una familia intercultural. Sevilla, 2009)