domingo, 23 de junio de 2013

CUENTO DEL SOLSTICIO BOREAL


Abrí mi ventana a la clara noche de estío y dejé que la brisa reverberara entre las sombras de la alcoba. Respiré con una profunda y lenta aspiración el olor salino mezclado con el aroma del cercano jazminero. Vertí el agua de los sortilegios en una jofaina y miré mis ojos a través de su espejo. La tenue luz de las velas y la mirra que lentamente se quemaba en el pebetero hicieron el resto.

La espiral de la noche comenzó a girar hacia la izquierda y el vértigo de mi propio agujero negro me tragó.

Yo ya no era yo. El ensalmo del hipérico y la salvia, la magia de la verbena y la hiedra se habían aprestado a cumplir su labor metamorfoseándome en dríada, un sutil elemental de aire que se elevaba y danzaba por etéreos remolinos. Había saltado fuera de mí y, desdoblada entre el cielo y la tierra, también fui hechicera que recogía en su cesto madreselva y artemisa a un tiempo que escudriñaba con sabia mirada entre los matorrales hasta encontrar y recoger con hábiles dedos el trébole cuatrifoliado, mágico talismán del amor y la fortuna, mientras mi gata rubia se embriagaba de nébeda, participando así ella también en la fecunda lujuria del momento.

El mundo se diluía en las sombras de la noche entre el juego de arabescos de las llamas y el baile frenético que me convertía en sacerdotisa druida, oficiante de Beltane y todos sus misterios para abrir las puertas clausuradas de Avalon en el preciso instante en que se disipan sus nieblas: sumergirme en la mar y emerger entre las olas sin perder de vista a la blanca dueña de la noche para enjugar su llanto, las lágrimas que anuncian que la oscuridad es breve y que su reinado se esfumará en temprana alborada para ceder su cetro al sol.

Pero la espiral viró su rumbo a la derecha y yo volví a sentir toda la pesadez de mi humana corporeidad. No era ya una criatura del aire, volvía a mi cotidiano ser por una noche perdido. No  había ya ni tréboles ni hoguera, ni danza ni ensalmos, sólo las velas consumidas y apagadas y el leve rastro de ceniza en el quemador daban fe de lo efímero de la magia.

Mi gata rubia se desperezó a mi lado y me miró como cada mañana con sus ojos de faraona a la espera de una caricia. Me senté en mi cama y, mientras le rascaba entre las orejas, a mi cabeza acudieron todos los trabajos y compromisos de la jornada. Pensé que el tiempo se agotaba y que tenía que hacer mi declaración, no de amor, sino al fisco; que se acercaba el fin de mes y había que cumplir con la seguridad social, así que tendría que ir al banco y de paso con mi mejor sonrisa felicitar su santo al director que no hacía mucho me había negado un crédito; también que no debía entretenerme en esas gestiones, pues mi amado y fiel ordenador me esperaba cargadito de trabajo; que la semana ya estaba entrada y… Y a veces la rutina cae como una losa.


Pero, aunque sólo mi gata rubia lo supiera, yo había sido dríada, meiga, druida…, había danzado con el aire y con el fuego, había pisado los umbrales de Avalon y tenía conmigo mi trébole cuatrifoliado, mi talismán interior hecho de fe, esperanza, amor y alegría contra esos mengues cotidianos que tanto se afanan por hacer infeliz la existencia a los mortales.

martes, 23 de abril de 2013

EN TU DÍA



Contigo aprendí a acariciar, a mirar, a imaginar. Eras la ventana  que abría mi mente a otros mundos, la alfombra mágica que me transportaba en blancas alas a universos a veces insospechados. Estás entre mis primeros recuerdos infantiles, junto a los gatos de la azotea y las macetas de geranios del patio, el sonido lejano del tren de las cuatro y media y las papas fritas de mi abuela.

Hoy viene a mi cabeza aquel “cajón de los cuentos” que contenía mis primeros tesoros de niña con los que aprendí a juntar letras y descubrí, entre las  ilustraciones coloreadas de Ferrándiz y sus páginas troqueladas, las historias de Orejta y Bigotes, El pingüino resfriado o Maruca la castañera, al mismo tiempo que mi padre ponía en mis manos un volumen en papel biblia con el que recitar poemas, El lagarto y la lagarta, La caracola y hasta  el Romance de la guardia civil, sin que yo llegara a sospechar que tenía algo entonces subversivo entre mis pequeños dedos.

Sí, tú fuiste el más fiel amigo de la niña rara y soñadora y de la adolescente atípica que disfrutaba leyendo a los clásicos en lengua original, que reía con Plauto o Molière y reflexionaba con Le Petit Prince a  un tiempo que se emocionaba con Virgilio o Juan de la Cruz y quería emular, ¡oh inconsciente!, a Juan Ramón y a Neruda. La misma que soportaba los calores veraniegos zambulléndose en las aguas heladas de Devon con Los Cinco de Enid Blyton para pasarse más tarde a los relatos de misterio de Doña Agatha.

Has sido una constante en mi vida, uno de mis amores más leales, compañero de fatigas en los años de universitaria y cómplice de mis más ocultos anhelos, acompañante en esperas, menos tediosas gracias a tu presencia, e incontestable voz de la sabiduría. Gracias a ti he podido experimentar la dicha de envolverme en lo más sublime pero también de despertar la conciencia, de empaparme de ideas y de embargarme de sentimientos.

Tan grande fue mi amor por ti y a la vez tan inmensa mi osadía que quise recrearte, hacerte, engendrar mis palabras y las de otros en tu carne, en esa que ni los más perfectos artificios del ingenio humano podrán igualar, porque tú tienes alma, en la albura de tu cuerpo palpitan vivas las letras y tu tacto es ya una incitación a adentrarse en tus entrañas.

Por eso hoy que dicen es tu día, aunque una no es mucho de fechas, quiero dejarme llevar por el romanticismo y regalarte la rosa de Sant Jordi y el clavel de los poetas andaluces. Porque has sido amante oculto entre mis sábanas, amado acariciado entre mis dedos, imán para mis ojos; porque acompañas mis insomnios y mis horas; porque nunca me has fallado, porque eres tú, mi amigo el libro. 

jueves, 21 de marzo de 2013

DÍA DE LA POESÍA EN LA "HAMAMA ALBAIDA"


Escribo esta entrada a pocas horas de iniciar un viaje muy especial que me llevará de nuevo a esas amadas tierras del Norte de Marruecos. Y es que este año tengo la dicha de celebrar el Día Internacional de la Poesía en mi querida ciudad de Tetuán y rodeada de amigos y de poetas gracias al buen hacer de Ahmed Mgara y los organizadores del III Encuentro de Poesía Hispanomarroquí al que he sido amablemente invitada.

Tetuán es la ciudad que siempre acompañó mis ensueños infantiles, esa que me transportaba a mundos mágicos cuando de niña visitaba con mis padres a mi familia allí residente, y la que más tarde se convertiría en mi segunda matria de manos de mi pareja y padre de mis hijos. Por eso sentirla una vez más unida a mi gran pasión, la poesía, y además en esta ocasión en el recuerdo de una gran mujer y poeta, Trina Mercader, es para mí fuente de dicha que quiero compartir desde estas líneas en mi blog.

Vayan estos versos, por tanto, dedicados a Tetuán, la Hamama Albaida del Norte de África.

Herida de luz sangrante en el recuerdo
Amado entre las brumas del sueño de infinito.
Miríadas de voces encerradas en un canto,
Almuédano silente bajo un cielo de alfanjes
Menguantes sobre las alas de tu presencia
Andarina en las revueltas del tiempo y del olvido.

Arremolinada en vientos clausuras tu misterio,
Laberinto morisco de ensueños andalusíes.
Baluarte apasionado de ansiadas libertades
Abrazas el anhelo del loco enamorado,  
Imaginario de  soledades ocultas en las aguas. 
Dos ojos límpidos que sin mirar ven,
Abiertas pupilas a blancas eternidades.

martes, 5 de marzo de 2013

RINCÓN DE LUZ

A Puerto Real, mi rincón de luz en la Bahía Gaditana donde desperté a la vida.


Tengo azules salinas del claro mar clavadas,
saeta a flor de luz desgarrando el estío,
sonoro declinar en las alas del viento.

Vivo en la dilución salobre de la arena,
en el fango mortal que cubre soledades,
entre espejos calizos y albores de marisma.

Bailo en la finitud trascendente del aire,
barquilla en la tormenta zozobrante en mareas,
desangrada en la danza fatídica del tiempo.

Muero entre orillas de algas diluida en espumas,
la mar que me desgasta sublimará mi sino:
seré ya sólo sal de evanescente espíritu.


Hacía ya tiempo que tenía ganas de publicar algún poema dedicado a la tierra que me vio nacer y en la que pasé esos años mágicos de la infancia en los que todavía el tiempo es eternidad y la vida una sorpresa envuelta en papel de celofán. Por eso, hace unos a la vuelta de los meses de vacaciones, con el sabor a mar todavía en los labios, escribí estos alejandrinos en los que mi pueblo se hace luz, sal arena, para trascender estos tiempos inciertos en que nos ha tocado vivir.

Por aquellos días, mi buena amiga la poeta Isabel Miguel me pidió una colaboración para la revista Álora la bien cercada, una publicación literaria ya de solera en cuya edición colabora junto al José María Lopera, su director. ¿Y qué mejor, pensé, que enviar este poema? Acababa, como quien dice, de salir de la pluma, estaba todavía calentito, recién horneado y las páginas de Álora podían sin duda ser el mejor vehículo para que viera la luz. 

Aprovecho ahora para compartir con vosotros este poema, al mismo tiempo que os anuncio que el número XXIX de Álora la bien cercada se presentará el próximo 13 de marzo a las 19,00 horas en Madrid, en el Palacio de Longoria, sito en la calle Fernando VI, 4, en un acto en el que intervendrán el alcalde de Álora, José Sánchez Moreno, y Jose Máría Lopera, director de la publicación.


viernes, 21 de diciembre de 2012

FELIZ NACIMIENTO DE LA LUZ




A pesar de los malos tiempos, creo que hay que buscar el sentido profundo de estas fechas, que va más allá y no tiene nada que ver con la fiesta consumista en que se ha convertido. Navidad es la gran metáfora de la vida y la esperanza. No importa con qué perspectiva la veamos, religiosa o profana. Navidad es la luz que siempre renace, es saber que la oscuridad no tiene la última palabra, que en cada criatura indefensa que nace se esconde un misterio, una victoria, porque el mundo es de los pequeños.

Que la vida nos dé aquello que deseamos, si ese deseo es para ser más humanos.


¡FELIZ NACIMIENTO DE LA LUZ!