jueves, 14 de noviembre de 2013

"CÁSATE Y SÉ SUMISA"... PUES VA A SER QUE NO

“¡No me da la gana!” Es lo primero que le sale decir a mi natural rebelde y libertario ante el título de este panfleto que tanta polvareda está levantando. Mas me paro a pensar, reflexiono y me digo: “¿Pero quién es esta señora para mandar al resto nada? ¿Quién es la tal Constanza Miriano para permitirse el lujo de decirnos a las demás lo que tenemos que hacer con nuestras vidas?” Evidentemente, nadie, una periodista italiana que, a tenor de las ediciones que el dichoso librito lleva en su país, se tiene que estar haciendo de oro a costa del sensacionalismo que supone volver a colocarnos a las mujeres sub iugo viri, una mujer que debe de vivir en una flagrante contradicción diaria, puesto que piensa que estamos hechas para el sometimiento y para volver a colocarnos debajo mientras lleva una existencia de fémina independiente en su trabajo en la RAI. Nos predica a las demás que callemos y soportemos el peso del servicio, pero ella pretende convertirse en líder de opinión, ¿me lo explica, signora?

¡Ah, no, claro! Que es que lo suyo es más profundo, afirma, más espiritual, que no tiene nada que ver  con tener una profesión o escribir un libro, sino con una actitud interna, con un modo de relación, con una vivencia del matrimonio y las relaciones entre hombre y mujer. Pues peor me lo pone. Sí, mucho peor, porque mucho más fácil es liberarse de las sumisiones externas, del yugo que se ve, que de ese que va por dentro, que se tiene interiorizado y se ha convertido en una sutil celada autoimpuesta revestida de espiritualidad.

He de reconocer que si me hubiera topado en las estanterías de una librería con esta obra, después de que el título me revolviera los higadillos, probablemente lo hubiera dejado pasar sin pena ni gloria: el contenido no es más que un batiburrillo en forma de cartas de tópicos trasnochados, tanto sobre las mujeres como sobre los hombres, que parten de ese esencialismo barato según el cual nosotras somos “mandonas”, controladoras y cotillas, y los hombres egoistones, medio lerdos y  cabezotas, y una serie de exhortaciones para que nos acomodemos al papel que nos asignó el patriarcado de mujeres consentidoras, sufridas y “con mano izquierda”. En fin, nihil novum sub sole, el mismo cuento de siempre de Blancanieves hacendosa y sumisa salvada por un príncipe azul cuya misión es defenderla hasta dar, si preciso fuera, la vida por ella, lo que pasa es que ahora adobado con prédicas piadosas de una supuesta visión cristiana.

Evidentemente, ninguna de estas sandeces iba a hacer mella en quienes ya tenemos el callo curtido y sabemos muy bien lo que queremos y lo que no, lo que estamos dispuestas a dar y lo que nos gustaría recibir, pero  en un país en donde todavía la violencia contra las mujeres es una lacra y en donde el setenta por ciento (si han leído bien, el setenta) de los adolescentes cree que los celos son una manifestación de amor y que las chicas tienen que ser complacientes con sus parejas, que la editorial de un obispado se permita sacar a la luz un libro, escrito para más inri por una mujer, en el que se defiende una postura espiritual y psicológica de sumisión de la esposa en el matrimonio es cuando menos una ligereza y una temeridad, y un insulto a las mujeres en general. Y es que ese cúmulo de lugares comunes y de despropósitos en forma de recomendaciones que es el libro, con esta edición, reciben el beneplácito de los representantes de una iglesia local: la diócesis de Granada, con lo que dejan de ser las opiniones, más o menos desafortunadas, de una particular para recibir carta de naturaleza para más de un feligrés o, lo que es peor, de una feligresa despistada que pudiera tomarlo como palabra de Dios y creerlo a machamartillo.

Por cierto, que hablando de Iglesia, y con ella hemos topado, como teóloga me pregunto cómo Constanza Miriano y los que de manera similar piensan pueden defender en nombre de la fe cristiana la sumisión de las mujeres ni de nadie, ¿en nombre de Jesús de Nazaret que instauró una comunidad de iguales? ¿Con la doctrina paulina en la mano cuando Pablo enseña que “ya no hay judío ni griego, libre ni esclavo, varón ni mujer” (ad Gal. III, 28)? Si algo aprendí en los años en que estudiaba y leía los textos y escritos de los orígenes del cristianismo, canónicos y apócrifos, en lengua original es que lo que allí se recoge va en la línea de la igualdad y la liberación, que su mística es mucho más de este mundo que del otro, y que el tal Jesús rechazaba de plano esa familia patriarcal en la que el varón tenía todas las prerrogativas, tanto que él no formó una, y tuvo la osadía de rodearse de mujeres fuertes, como la de Magdala, capaces de dar la cara cuando los varones de la comunidad corrían con el rabo entre las piernas. Pero, es evidente que si ese Jesús volviera, lo volverían a condenar los sacerdotes del Templo.

Y es que el cristianismo predica el amor y el servicio, sí, pero a varones y mujeres por igual, y también dice “ama a tu prójimo como a ti mismo”, como a ti mismo y no más, y que yo sepa en el evangelio no hay ningún mandamiento específico para las mujeres que las convierta en alfombrillas de los hombres.


Dice la Miriano que las feministas, entre las que desde aquí me incluyo, que se molestan con sus palabras es porque “ni están tranquilas ni son felices”. Pues mire usted, signora Miriano, venga usted acá pacá , como dicen en mi pueblo: tranquila, lo que se dice tranquila, no estoy. Soy una mujer inquieta, un culillo de mal asiento, como decía mi abuela, y en buena hora, que las mentes inquietas son las que hacen avanzar el mundo, para tranquilidad, la de los cementerios. Pero lo que es feliz lo soy en la medida en que podemos serlo en este deslavazado mundo en que nos ha tocado vivir. Y lo soy porque nunca tuve que someterme a nada ni a nadie, porque el equilibrio en mi familia está en el respeto y la igualdad, en que tanto mi pareja como yo sabemos ponernos abajo si hace falta y arriba cuando es preciso, no en un juego de poder desigual de subyugación, porque creo que ambos podríamos dar la vida por el otro, pero estoy segura que los dos la daríamos por nuestro hijo y nuestra hija, y porque me casé, no por un imperativo ni para buscar mi realización en el sometimiento, aunque fuera revestido de mística, sino porque me dio la gana. Lo mismo que tengo amigas que se sienten plenas y felices sin necesidad de haberse emparejado, porque, solas o con acompañamiento de vida al lado, somos naranjas completas, redondas y libres, sobre todo libres.

martes, 17 de septiembre de 2013

ELEGÍA A LA CRUEL ESTUPIDEZ DE LOS HUMANOS

"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que tratan a sus animales". (M. Gandhi)



Ni su nombre de deidad romana ni las movilizaciones en contra de esta bárbara celebración lo han librado de la tortura y la muerte. Por eso este poema, dedicado a "Vulcano", no es otra cosa que una elegía a la estupidez y crueldad de los humanos que hacen fiesta del sufrimiento y se gozan con el maltrato a un ser vivo. 


Hoy querría ser sacerdotisa
para con tu nobleza fundirme
y cabalgar tu estampa de deidad mediterránea,
saltar sobre el creciente de tu testa
y celebrar así la vida, tu vida,
en un plenilunio de estrellas y encinares.

Hoy he soñado que abría las cercas,
que tu corazón de mariposa
revoloteaba entre las amapolas libre,
acariciado por la brisa de de los amaneceres,
fuerte, valiente, poderoso,
fecunda imagen de numinosa fertilidad.

Mas tengo el corazón alanceado,
la entraña rota
y acorralado el pecho.

Temprano atravesaste el arcoíris
lejos de tu dehesa y de tus campos
por mor de las lanzas asesinas,
de la cruel estupidez de los mortales.

Pero tú eres ya espíritu del aire,
habitas la luz al lado de los héroes,
mientras ellos se pudren en su fango,
en el torpe bullicio de su propia iniquidad. 

jueves, 29 de agosto de 2013

Y, DESGRACIADAMENTE, LA HISTORIA SE REPITE

Hace diez años ya que escribí este poema, que junto a otros dos más formaba un tríptico que titulé Tríptico de unas noches sin sueño, y desgraciadamente hoy la historia insiste en repetirse. ¿Hasta cuándo no aprenderemos los humanos a resolver de un modo no sangriento los conflictos? ¿Cuándo dejarán los pobres de ser los "daños colaterales" de los poderosos?

Por eso esta tarde he desempolvado este poema, porque, aunque tal vez hoy lo escribiera de otro modo y su forma sería otra, el sentimiento sigue intacto y el grito es el mismo:

¡NO A LAS GUERRAS! ¡SÍ A LA JUSTICIA!



Pero antes de pasar a la poesía y el sentimiento, quiero dejaros el enlace a un artículo muy lúcido sobre la situación que explica por qué muchas personas no queremos este tipo de "intervenciones", sin que por ello estemos, ni mucho menos, a favor del Régimen de Asad: http://www.eldiario.es/zonacritica/deja-vu-sirio_6_169443055.html 


Hoy mi pecho se viste
con el luto de madres y viudas,
atravesado por el rayo
de la lúcida y terrible clarividencia,
Y mi corazón doliente lleva
blanco pañuelo cual mortaja
que envuelva tanto cuerpo mártir.
Hoy mis entrañas
preñadas de dolor,
parturientas de desesperanza
gimen la angustia,
estériles de cualquier alegría,
por los hijos e hijas de otras,
que podían ser el fruto de mi vientre,
por el cuerpo huérfano de caricias
de la novia del lecho vacío,
luna de hieles.
Y en mis lágrimas busco las tuyas,
Madre eterna, tu que eres
el inmenso regazo de la Vida.
Recoge con tus brazos
la impotencia sufriente de tus criaturas,
para que los hombres  de ojos cegados
y corazones escleróticos
no osen tornar
los novilunios de tus menstruos sagrados
en noches de sangre inmolada
sobre el ara de ídolos sin rostro.





martes, 30 de julio de 2013

VIENTO DE LEVANTE

Dicen por aquí que el levante es un viento que tiene fama de diabólico y enloquecedor pero  a mí, como  todo lo transgresor, me eleva a una especie de estado de gracia al arremolinar en furioso torbellino mis ideas, purificarlas y devolvérmelas prístinas y nuevas, recombinadas en formas antes nunca entrevistas, y es que este viento de mi tierra no es otra cosa que un soplo enardecido de la ruah, un espíritu femenino con llamas encendidas.

Y por no hablar del placer que significaba de niña, en los días en que ya empezaba a apretar el calor, correr cara al viento y sentir cómo me levantaba esas horribles faldas ásperas del uniforme mientras imaginaba ser un travieso espíritu del aire que volaba entre sus alas.

Por eso hoy que ha vuelto a soplar y a traernos más calores, quiero dedicarle esta entrada del blog con el homenaje de este intento de soneto.


Ven, arrebata raudo mi sentido,
eres la fuerza que mi tierra enciende
en llamas de aire que su luz extiende,
ráfaga de vida, ardiente latido.

Envuélveme en tu soplo embravecido,
y que así penetre mi ser tu duende,
arrebóleme el halo que desprende
tu fugaz estela, agudo silbido.

 Tu divina locura creadora
se trueque en mí mies de fruto abundante,
gracia de tu energía  arrolladora,

que mi alma eleva en éxtasis amante
rendida ya ante tu aura inspiradora,
don de los dioses, viento de Levante.



domingo, 23 de junio de 2013

CUENTO DEL SOLSTICIO BOREAL


Abrí mi ventana a la clara noche de estío y dejé que la brisa reverberara entre las sombras de la alcoba. Respiré con una profunda y lenta aspiración el olor salino mezclado con el aroma del cercano jazminero. Vertí el agua de los sortilegios en una jofaina y miré mis ojos a través de su espejo. La tenue luz de las velas y la mirra que lentamente se quemaba en el pebetero hicieron el resto.

La espiral de la noche comenzó a girar hacia la izquierda y el vértigo de mi propio agujero negro me tragó.

Yo ya no era yo. El ensalmo del hipérico y la salvia, la magia de la verbena y la hiedra se habían aprestado a cumplir su labor metamorfoseándome en dríada, un sutil elemental de aire que se elevaba y danzaba por etéreos remolinos. Había saltado fuera de mí y, desdoblada entre el cielo y la tierra, también fui hechicera que recogía en su cesto madreselva y artemisa a un tiempo que escudriñaba con sabia mirada entre los matorrales hasta encontrar y recoger con hábiles dedos el trébole cuatrifoliado, mágico talismán del amor y la fortuna, mientras mi gata rubia se embriagaba de nébeda, participando así ella también en la fecunda lujuria del momento.

El mundo se diluía en las sombras de la noche entre el juego de arabescos de las llamas y el baile frenético que me convertía en sacerdotisa druida, oficiante de Beltane y todos sus misterios para abrir las puertas clausuradas de Avalon en el preciso instante en que se disipan sus nieblas: sumergirme en la mar y emerger entre las olas sin perder de vista a la blanca dueña de la noche para enjugar su llanto, las lágrimas que anuncian que la oscuridad es breve y que su reinado se esfumará en temprana alborada para ceder su cetro al sol.

Pero la espiral viró su rumbo a la derecha y yo volví a sentir toda la pesadez de mi humana corporeidad. No era ya una criatura del aire, volvía a mi cotidiano ser por una noche perdido. No  había ya ni tréboles ni hoguera, ni danza ni ensalmos, sólo las velas consumidas y apagadas y el leve rastro de ceniza en el quemador daban fe de lo efímero de la magia.

Mi gata rubia se desperezó a mi lado y me miró como cada mañana con sus ojos de faraona a la espera de una caricia. Me senté en mi cama y, mientras le rascaba entre las orejas, a mi cabeza acudieron todos los trabajos y compromisos de la jornada. Pensé que el tiempo se agotaba y que tenía que hacer mi declaración, no de amor, sino al fisco; que se acercaba el fin de mes y había que cumplir con la seguridad social, así que tendría que ir al banco y de paso con mi mejor sonrisa felicitar su santo al director que no hacía mucho me había negado un crédito; también que no debía entretenerme en esas gestiones, pues mi amado y fiel ordenador me esperaba cargadito de trabajo; que la semana ya estaba entrada y… Y a veces la rutina cae como una losa.


Pero, aunque sólo mi gata rubia lo supiera, yo había sido dríada, meiga, druida…, había danzado con el aire y con el fuego, había pisado los umbrales de Avalon y tenía conmigo mi trébole cuatrifoliado, mi talismán interior hecho de fe, esperanza, amor y alegría contra esos mengues cotidianos que tanto se afanan por hacer infeliz la existencia a los mortales.

martes, 23 de abril de 2013

EN TU DÍA



Contigo aprendí a acariciar, a mirar, a imaginar. Eras la ventana  que abría mi mente a otros mundos, la alfombra mágica que me transportaba en blancas alas a universos a veces insospechados. Estás entre mis primeros recuerdos infantiles, junto a los gatos de la azotea y las macetas de geranios del patio, el sonido lejano del tren de las cuatro y media y las papas fritas de mi abuela.

Hoy viene a mi cabeza aquel “cajón de los cuentos” que contenía mis primeros tesoros de niña con los que aprendí a juntar letras y descubrí, entre las  ilustraciones coloreadas de Ferrándiz y sus páginas troqueladas, las historias de Orejta y Bigotes, El pingüino resfriado o Maruca la castañera, al mismo tiempo que mi padre ponía en mis manos un volumen en papel biblia con el que recitar poemas, El lagarto y la lagarta, La caracola y hasta  el Romance de la guardia civil, sin que yo llegara a sospechar que tenía algo entonces subversivo entre mis pequeños dedos.

Sí, tú fuiste el más fiel amigo de la niña rara y soñadora y de la adolescente atípica que disfrutaba leyendo a los clásicos en lengua original, que reía con Plauto o Molière y reflexionaba con Le Petit Prince a  un tiempo que se emocionaba con Virgilio o Juan de la Cruz y quería emular, ¡oh inconsciente!, a Juan Ramón y a Neruda. La misma que soportaba los calores veraniegos zambulléndose en las aguas heladas de Devon con Los Cinco de Enid Blyton para pasarse más tarde a los relatos de misterio de Doña Agatha.

Has sido una constante en mi vida, uno de mis amores más leales, compañero de fatigas en los años de universitaria y cómplice de mis más ocultos anhelos, acompañante en esperas, menos tediosas gracias a tu presencia, e incontestable voz de la sabiduría. Gracias a ti he podido experimentar la dicha de envolverme en lo más sublime pero también de despertar la conciencia, de empaparme de ideas y de embargarme de sentimientos.

Tan grande fue mi amor por ti y a la vez tan inmensa mi osadía que quise recrearte, hacerte, engendrar mis palabras y las de otros en tu carne, en esa que ni los más perfectos artificios del ingenio humano podrán igualar, porque tú tienes alma, en la albura de tu cuerpo palpitan vivas las letras y tu tacto es ya una incitación a adentrarse en tus entrañas.

Por eso hoy que dicen es tu día, aunque una no es mucho de fechas, quiero dejarme llevar por el romanticismo y regalarte la rosa de Sant Jordi y el clavel de los poetas andaluces. Porque has sido amante oculto entre mis sábanas, amado acariciado entre mis dedos, imán para mis ojos; porque acompañas mis insomnios y mis horas; porque nunca me has fallado, porque eres tú, mi amigo el libro.