Porque las palabras son mis armas contra la sinrazón y el desatino.
sábado, 21 de diciembre de 2013
FELIZ RENACER DE LA LUZ
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INMA CALDERÓN
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jueves, 14 de noviembre de 2013
"CÁSATE Y SÉ SUMISA"... PUES VA A SER QUE NO
“¡No me da la gana!” Es lo primero que le sale decir a mi natural
rebelde y libertario ante el título de este panfleto que tanta polvareda está
levantando. Mas me paro a pensar, reflexiono y me digo: “¿Pero quién es esta
señora para mandar al resto nada? ¿Quién es la tal Constanza Miriano para
permitirse el lujo de decirnos a las demás lo que tenemos que hacer con
nuestras vidas?” Evidentemente, nadie, una periodista italiana que, a tenor de
las ediciones que el dichoso librito lleva en su país, se tiene que estar
haciendo de oro a costa del sensacionalismo que supone volver a colocarnos a
las mujeres sub iugo viri, una mujer
que debe de vivir en una flagrante contradicción diaria, puesto que piensa que
estamos hechas para el sometimiento y para volver a colocarnos debajo mientras
lleva una existencia de fémina independiente en su trabajo en la RAI. Nos
predica a las demás que callemos y soportemos el peso del servicio, pero ella
pretende convertirse en líder de opinión, ¿me lo explica, signora?
¡Ah, no, claro! Que es que lo suyo es más profundo, afirma, más
espiritual, que no tiene nada que ver
con tener una profesión o escribir un libro, sino con una actitud
interna, con un modo de relación, con una vivencia del matrimonio y las
relaciones entre hombre y mujer. Pues peor me lo pone. Sí, mucho peor, porque
mucho más fácil es liberarse de las sumisiones externas, del yugo que se ve,
que de ese que va por dentro, que se tiene interiorizado y se ha convertido en
una sutil celada autoimpuesta revestida de espiritualidad.
He de reconocer que si me hubiera topado en las estanterías de una
librería con esta obra, después de que el título me revolviera los higadillos,
probablemente lo hubiera dejado pasar sin pena ni gloria: el contenido no es
más que un batiburrillo en forma de cartas de tópicos trasnochados, tanto sobre
las mujeres como sobre los hombres, que parten de ese esencialismo barato según
el cual nosotras somos “mandonas”, controladoras y cotillas, y los hombres
egoistones, medio lerdos y cabezotas, y
una serie de exhortaciones para que nos acomodemos al papel que nos asignó el patriarcado
de mujeres consentidoras, sufridas y “con mano izquierda”. En fin, nihil novum sub sole, el mismo cuento de
siempre de Blancanieves hacendosa y sumisa salvada por un príncipe azul cuya
misión es defenderla hasta dar, si preciso fuera, la vida por ella, lo que pasa
es que ahora adobado con prédicas piadosas de una supuesta visión cristiana.
Evidentemente, ninguna de estas sandeces iba a hacer mella en quienes
ya tenemos el callo curtido y sabemos muy bien lo que queremos y lo que no, lo
que estamos dispuestas a dar y lo que nos gustaría recibir, pero en un país en donde todavía la violencia
contra las mujeres es una lacra y en donde el setenta por ciento (si han leído
bien, el setenta) de los adolescentes cree que los celos son una manifestación
de amor y que las chicas tienen que ser complacientes con sus parejas, que la
editorial de un obispado se permita sacar a la luz un libro, escrito para más
inri por una mujer, en el que se defiende una postura espiritual y psicológica
de sumisión de la esposa en el matrimonio es cuando menos una ligereza y una
temeridad, y un insulto a las mujeres en general. Y es que ese cúmulo de
lugares comunes y de despropósitos en forma de recomendaciones que es el libro,
con esta edición, reciben el beneplácito de los representantes de una iglesia
local: la diócesis de Granada, con lo que dejan de ser las opiniones, más o
menos desafortunadas, de una particular para recibir carta de naturaleza para
más de un feligrés o, lo que es peor, de una feligresa despistada que pudiera
tomarlo como palabra de Dios y creerlo a machamartillo.
Por cierto, que hablando de Iglesia, y con ella hemos topado, como
teóloga me pregunto cómo Constanza Miriano y los que de manera similar piensan
pueden defender en nombre de la fe cristiana la sumisión de las mujeres ni de
nadie, ¿en nombre de Jesús de Nazaret que instauró una comunidad de iguales?
¿Con la doctrina paulina en la mano cuando Pablo enseña que “ya no hay judío ni
griego, libre ni esclavo, varón ni mujer” (ad Gal. III, 28)? Si algo aprendí en
los años en que estudiaba y leía los textos y escritos de los orígenes del
cristianismo, canónicos y apócrifos, en lengua original es que lo que allí se
recoge va en la línea de la igualdad y la liberación, que su mística es mucho
más de este mundo que del otro, y que el tal Jesús rechazaba de plano esa
familia patriarcal en la que el varón tenía todas las prerrogativas, tanto que
él no formó una, y tuvo la osadía de rodearse de mujeres fuertes, como la de
Magdala, capaces de dar la cara cuando los varones de la comunidad corrían con
el rabo entre las piernas. Pero, es evidente que si ese Jesús volviera, lo
volverían a condenar los sacerdotes del Templo.
Y es que el cristianismo predica el amor y el servicio, sí, pero a
varones y mujeres por igual, y también dice “ama a tu prójimo como a ti mismo”,
como a ti mismo y no más, y que yo sepa en el evangelio no hay ningún
mandamiento específico para las mujeres que las convierta en alfombrillas de
los hombres.
Dice la Miriano que las feministas, entre las que desde aquí me
incluyo, que se molestan con sus palabras es porque “ni están tranquilas ni son
felices”. Pues mire usted, signora Miriano, venga usted acá pacá , como dicen en mi pueblo: tranquila, lo que se dice
tranquila, no estoy. Soy una mujer inquieta, un culillo de mal asiento, como
decía mi abuela, y en buena hora, que las mentes inquietas son las que hacen
avanzar el mundo, para tranquilidad, la de los cementerios. Pero lo que es feliz lo soy en la medida en que podemos serlo en este deslavazado mundo
en que nos ha tocado vivir. Y lo soy porque nunca tuve que someterme a nada ni
a nadie, porque el equilibrio en mi familia está en el respeto y la igualdad,
en que tanto mi pareja como yo sabemos ponernos abajo si hace falta y arriba
cuando es preciso, no en un juego de poder desigual de subyugación, porque creo
que ambos podríamos dar la vida por el otro, pero estoy segura que los dos la
daríamos por nuestro hijo y nuestra hija, y porque me casé, no por un
imperativo ni para buscar mi realización en el sometimiento, aunque fuera
revestido de mística, sino porque me dio la gana. Lo mismo que tengo amigas que
se sienten plenas y felices sin necesidad de haberse emparejado, porque, solas
o con acompañamiento de vida al lado, somos naranjas completas, redondas y
libres, sobre todo libres.
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INMA CALDERÓN
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martes, 17 de septiembre de 2013
ELEGÍA A LA CRUEL ESTUPIDEZ DE LOS HUMANOS
"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que tratan a sus animales". (M. Gandhi)
Ni su nombre de deidad romana ni las movilizaciones en contra de esta bárbara celebración lo han librado de la tortura y la muerte. Por eso este poema, dedicado a "Vulcano", no es otra cosa que una elegía a la estupidez y crueldad de los humanos que hacen fiesta del sufrimiento y se gozan con el maltrato a un ser vivo.
Hoy querría ser sacerdotisa
para con tu nobleza fundirme
y cabalgar tu estampa de deidad mediterránea,
saltar sobre el creciente de tu testa
y celebrar así la vida, tu vida,
en un plenilunio de estrellas y encinares.
Hoy he soñado que abría las cercas,
que tu corazón de mariposa
revoloteaba entre las amapolas libre,
acariciado por la brisa de de los amaneceres,
fuerte, valiente, poderoso,
fecunda imagen de numinosa fertilidad.
Mas tengo el corazón alanceado,
la entraña rota
y acorralado el pecho.
Temprano atravesaste el arcoíris
lejos de tu dehesa y de tus campos
por mor de las lanzas asesinas,
de la cruel estupidez de los mortales.
Pero tú eres ya espíritu del aire,
habitas la luz al lado de los héroes,
mientras ellos se pudren en su fango,
en el torpe bullicio de su propia iniquidad.
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jueves, 29 de agosto de 2013
Y, DESGRACIADAMENTE, LA HISTORIA SE REPITE
Hace diez años ya que escribí este poema, que junto a otros dos más formaba un tríptico que titulé Tríptico de unas noches sin sueño, y desgraciadamente hoy la historia insiste en repetirse. ¿Hasta cuándo no aprenderemos los humanos a resolver de un modo no sangriento los conflictos? ¿Cuándo dejarán los pobres de ser los "daños colaterales" de los poderosos?
Por eso esta tarde he desempolvado este poema, porque, aunque tal vez hoy lo escribiera de otro modo y su forma sería otra, el sentimiento sigue intacto y el grito es el mismo:
¡NO A LAS GUERRAS! ¡SÍ A LA JUSTICIA!
Pero antes de pasar a la poesía y el sentimiento, quiero dejaros el enlace a un artículo muy lúcido sobre la situación que explica por qué muchas personas no queremos este tipo de "intervenciones", sin que por ello estemos, ni mucho menos, a favor del Régimen de Asad: http://www.eldiario.es/zonacritica/deja-vu-sirio_6_169443055.html
Hoy mi pecho se viste
con el luto de madres y viudas,
atravesado por el rayo
de la lúcida y terrible clarividencia,
Y mi corazón doliente lleva
blanco pañuelo cual mortaja
que envuelva tanto cuerpo mártir.
Hoy mis entrañas
preñadas de dolor,
parturientas de desesperanza
gimen la angustia,
estériles de cualquier alegría,
por los hijos e hijas de otras,
que podían ser el fruto de mi vientre,
por el cuerpo huérfano de caricias
de la novia del lecho vacío,
luna de hieles.
Y en mis lágrimas busco las tuyas,
Madre eterna, tu que eres
el inmenso regazo de la Vida.
Recoge con tus brazos
la impotencia sufriente de tus criaturas,
para que los hombres
de ojos cegados
y corazones escleróticos
no osen tornar
los novilunios de tus menstruos sagrados
en noches de sangre inmolada
sobre el ara de ídolos sin rostro.
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martes, 30 de julio de 2013
VIENTO DE LEVANTE
Dicen por aquí que el levante es un viento que tiene
fama de diabólico y enloquecedor pero a mí, como todo lo transgresor, me eleva a una
especie de estado de gracia al arremolinar en furioso torbellino mis ideas,
purificarlas y devolvérmelas prístinas y nuevas, recombinadas en formas antes
nunca entrevistas, y es que este viento de mi tierra no es otra cosa que un
soplo enardecido de la ruah, un espíritu femenino con llamas encendidas.
Y por no hablar del placer que significaba de
niña, en los días en que ya empezaba a apretar el calor, correr cara al viento
y sentir cómo me levantaba esas horribles faldas ásperas del uniforme mientras
imaginaba ser un travieso espíritu del aire que volaba entre sus alas.
Por eso hoy que ha vuelto a soplar y a traernos más
calores, quiero dedicarle esta entrada del blog con el homenaje de este intento
de soneto.
Ven,
arrebata raudo mi sentido,
eres
la fuerza que mi tierra enciende
en
llamas de aire que su luz extiende,
ráfaga
de vida, ardiente latido.
Envuélveme
en tu soplo embravecido,
y
que así penetre mi ser tu duende,
arrebóleme
el halo que desprende
tu
fugaz estela, agudo silbido.
Tu divina locura creadora
se
trueque en mí mies de fruto abundante,
gracia
de tu energía arrolladora,
que
mi alma eleva en éxtasis amante
rendida
ya ante tu aura inspiradora,
don
de los dioses, viento de Levante.
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INMA CALDERÓN
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jueves, 25 de julio de 2013
domingo, 23 de junio de 2013
CUENTO DEL SOLSTICIO BOREAL
Abrí mi
ventana a la clara noche de estío y dejé que la brisa reverberara entre las
sombras de la alcoba. Respiré con una profunda y lenta aspiración el olor
salino mezclado con el aroma del cercano jazminero. Vertí el agua de los
sortilegios en una jofaina y miré mis ojos a través de su espejo. La tenue luz
de las velas y la mirra que lentamente se quemaba en el pebetero hicieron el
resto.
La
espiral de la noche comenzó a girar hacia la izquierda y el vértigo de mi
propio agujero negro me tragó.
Yo ya
no era yo. El ensalmo del hipérico y la salvia, la magia de la verbena y la
hiedra se habían aprestado a cumplir su labor metamorfoseándome en dríada, un
sutil elemental de aire que se elevaba y danzaba por etéreos remolinos. Había saltado
fuera de mí y, desdoblada entre el cielo y la tierra, también fui hechicera que
recogía en su cesto madreselva y artemisa a un tiempo que escudriñaba con sabia
mirada entre los matorrales hasta encontrar y recoger con hábiles dedos el
trébole cuatrifoliado, mágico talismán del amor y la fortuna, mientras mi gata
rubia se embriagaba de nébeda, participando así ella también en la fecunda
lujuria del momento.
El
mundo se diluía en las sombras de la noche entre el juego de arabescos de las
llamas y el baile frenético que me convertía en sacerdotisa druida, oficiante
de Beltane y todos sus misterios para abrir las puertas clausuradas de Avalon
en el preciso instante en que se disipan sus nieblas: sumergirme en la mar y
emerger entre las olas sin perder de vista a la blanca dueña de la noche para
enjugar su llanto, las lágrimas que anuncian que la oscuridad es breve y que su
reinado se esfumará en temprana alborada para ceder su cetro al sol.
Pero la
espiral viró su rumbo a la derecha y yo volví a sentir toda la pesadez de mi
humana corporeidad. No era ya una criatura del aire, volvía a mi cotidiano ser
por una noche perdido. No había ya ni
tréboles ni hoguera, ni danza ni ensalmos, sólo las velas consumidas y apagadas
y el leve rastro de ceniza en el quemador daban fe de lo efímero de la magia.
Mi gata
rubia se desperezó a mi lado y me miró como cada mañana con sus ojos de faraona
a la espera de una caricia. Me senté en mi cama y, mientras le rascaba entre
las orejas, a mi cabeza acudieron todos los trabajos y compromisos de la
jornada. Pensé que el tiempo se agotaba y que tenía que hacer mi declaración,
no de amor, sino al fisco; que se acercaba el fin de mes y había que cumplir
con la seguridad social, así que tendría que ir al banco y de paso con mi mejor
sonrisa felicitar su santo al director que no hacía mucho me había negado un crédito;
también que no debía entretenerme en esas gestiones, pues mi amado y fiel
ordenador me esperaba cargadito de trabajo; que la semana ya estaba entrada y…
Y a veces la rutina cae como una losa.
Pero,
aunque sólo mi gata rubia lo supiera, yo había sido dríada, meiga, druida…,
había danzado con el aire y con el fuego, había pisado los umbrales de Avalon y
tenía conmigo mi trébole cuatrifoliado, mi talismán interior hecho de fe,
esperanza, amor y alegría contra esos mengues cotidianos que tanto se afanan
por hacer infeliz la existencia a los mortales.
Publicado por
INMA CALDERÓN
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22:57
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