sábado, 8 de marzo de 2014

SOMOS BRUJAS


Un calificativo que siempre me gustó fue el de bruja. Sí, bruja, ¿de qué os asombráis? Quien piense que con esa palabra me insulta va dado. Creo que a las mujeres mucho mejor nos va siendo brujas que princesas encantadas despertadas de la siesta por un desconocido que, sin pedirles permiso, se adentra en su intimidad con un beso; o jovencitas incautas de sangre real sirviendo a siete hombrecitos, niños eternos, que no saben ni hacerse un bocadillo; o pobres sirvientas elevadas a la categoría de altezas por su obediencia al horario que, como no son ya de por sí incómodos los tacones, para colmo van calzadas con zapatos de cristal.

La bruja es la mujer libre, la que no se doblega y conoce tanto la naturaleza como su naturaleza, la sabia que ha descubierto el secreto de buen vivir, la alegre, la gozosa, la plena…, y por eso la peligrosa, la que había que constreñir, a la que había que cargar con leyendas negras, difamada y calumniada. Lilith, la diablesa, Thiamat, útero que engulle, Aisha Khandisha, terrible seductora comeniños.

Por eso, porque somos brujas, subidas en nuestras escobas para recorrer el cielo de la noche y buscar los arcanos de nuestra existencia; porque somos brujas, con nuestros calderos en los que a fuego lento hierven cocimientos de salud y vida; porque somos brujas, con nuestros gatos negros, rubios o tricolores, fieles amigos libres que entienden nuestra libertad; porque somos brujas, con nuestros ensalmos y conjuros al amor y a la alegría; porque somos brujas, somos mujeres fuertes, poderosas, libérrimas, sin miedo… Somos diosas para dominar a nuestro albedrío fecundidades, y también humanas, para rompernos y cansarnos, para decir estoy hasta el mismísimo y hasta aquí he llegado, para pedir tu hombro para llorar y tu oreja para escuchar.
 
Y es que la bruja no es una superhembra siempre bella a la manera de los cánones establecidos, sin una arruga ni en la ropa ni en la piel; ni una máquina infalible que prima eficiente la productividad; pero tampoco una esposa abnegada dispuesta siempre ya sea en la cocina o en la cama; o la paridora sin más horizonte que la teta y el parque… La bruja se sabe hermosa en su imperfección, profesional, pero siempre  humana mirando lo humano, compañera de vida y, llegado el caso, madre amorosa de sus cachorros a los que enseña desde la cuna el camino de la libertad.  

Por eso hoy, amigas mías, mujeres fuertes y libres, quiero dedicaros esta entrada, a las que me habéis precedido y servido de referente, a las que hacéis conmigo este camino y tantas veces me servís de apoyo, y a las que venís detrás: a ti mi ya no tan pequeña Salua, a mis sobrinas Macarena y Carmen, a mi ahijada, Selene,  a las hijas de mis amigas y amigos, en especial a dos lindas brujitas llamadas Ángela y Esperanza, y a todas las niñas y adolescentes que sois la cantera de nuestro futuro, porque deseo que nos sintamos cómplices, enredadas, unidas, pues, aunque mucho hemos andado, mucho queda por recorrer y esa travesía sólo podemos hacerla juntas.


FELIZ Y REIVINDICATIVO 8 DE MARZO

viernes, 28 de febrero de 2014

APUNTES PARA UN DÍA VERDE Y BLANCO

No había caído en la cuenta hasta esta mañana, pero casi ha pasado febrero y este año ha faltado una musiquilla de fondo que desde hace casi dos lustros nos acompañaba por estas calendas, un soniquete que en más de una ocasión ha llegado a enervar y me ha llevado a fantasear con defenestrar cierto instrumento musical de uso escolar, pero que, caprichosos que somos los seres humanos, ahora que ya no resuena entre las paredes de mi casa, no puedo sino echarlo de menos y advertir que su ausencia me habla del paso del tiempo, de un niño y una niña que son ya adolescentes y que han dejado atrás cosas tales como martillear mis oídos con la interpretación a la flauta del himno de Andalucía, o descubrir de mi mano Europa en este puente que en su infancia  nos llevó a pasear por los Foros Romanos, subir al Campanile del Giotto o hasta las mismísimas orillas del Támesis. 

Por eso este año que me falta el acompañamiento musical, la puñetera flauta que unas veces sonaba en tempo de adagio y otras en allegro molto vivace según las ganas que el o la ejecutante tuvieran de ensayar la melodía, me he parado a pensar en ese himno que ya ha dejado de ser tortura en las tardes invernales, y más que en su estructura musical, en la composición de José del Castillo inspirada en el Santo Dios, en su letra, en las estrofas que compuso Blas Infante.

Tengo que reconocer que no me suelen gustar las letras de los himnos, ya sean de los nacionales de un país o Estado, o de los de un equipo de fútbol o de un centro docente, pues la mayoría me resultan tópicos y exagerados, de una exaltación desmedida y, sobre todo, de una manifiestamente mejorable calidad literaria. De estos no se escapa ni el Gaudeamus igitur, porque a pesar de proceder de la goliardía y tener ese puntito canalla que invita al carpe diem, su composición en modo alguno me convence.

Y es que con esto de las letras de los himnos una se ha llevado alguna que otra decepción, como me sucedió con la del de Riego, todo un llamamiento a la guerra, un canto a Marte y a los "hijos del Cid", o en mis tiempos de estudiante de bachillerato con la emblemática Marsellesa. ¿Es que las naciones no pueden exaltarse si no es a costa de cantar a la lucha y a un valor consistente en aplastar cuanto más enemigos mejor? Parece como si para afirmarse hubiera que buscarse siempre un contrario al que vencer y subyugar.

Por eso, aun reconociendo que sus versos no son los más sublimes que en una tierra de poetas como Andalucía se han escrito, nuestro himno siempre me ha parecido diferente, el mejor en comparación con otros muchos cuya letra me he molestado en buscar y traducir. En él no se habla de sangre derramada, ni se arenga contra nada ni contra nadie, la bandera no se levanta como enseña militar, sino como signo de paz y esperanza y no se anima al pueblo, cual ejército en orden de batalla, a empuñar las armas, sino a levantarse, a despertar de un sueño de desidia, para pedir aquello que en justicia a todos los seres humanos pertenece: la tierra y la libertad.

En las estrofas de del himno de Andalucía no hay soldados ni guerrilleros, hay gentes de luz, gentes que han alumbrado a la humanidad y a los que se invita a volver a ser iluminadores de almas, es decir, trabajadores por la dignidad que toda persona tiene por el mero hecho de serlo. No hay confrontación, sino llamada a la generosidad, a la apertura, universalidad frente a cerrazón, concordia frente a violencia, en un ofrecimiento que nada tiene que ver con un patrioterismo estéril y narcisista.

En los tiempos que corren no nos vendría nada mal pararnos a reflexionar sobre estos valores, sobre lo que significa en una tierra ancestralmente expoliada a la que la crisis no ha hecho sino abrir más sus heridas y acentuar más las injusticias, hablar de paz y de esperanza, pedir la tierra y la libertad y llamar a sus ciudadanos y ciudadanas a ser seres de luz, con todo lo que eso conlleva. Lástima que muchos de los que hoy en los actos oficiales se mostraran entonándolo con gesto altivo, lo harán a la manera de una flauta hueca, pronunciando cual papagayos unas palabras hueras que a costa de repetir han vaciado de contenido y suenan ya como un instrumento desafinado que no consigue transmitir la fuerza y la vida que se encierra en las notas de una partitura. Para eso, me quedo con los ensayos reiterativos de mis hijos, ellos al menos conservaban la fe y la inocencia. 

domingo, 16 de febrero de 2014

POR LOS QUE, COMO ELLA, SUFRIERON EL ABANDONO

A mi gata Mirra

Porque sabes que hace frío fuera,
que la media luna es alfanje afilado
y que el día trae nuevas desventuras;
porque tus carnes son sabias en dolores
y tu cuerpo conoció la angustia
de la vida que se escapa en la garganta;
porque no te es ajena la humana necedad
que destroza la ternura de lo bello
y pisotea sin tregua la pequeñez indefensa,
¡qué es dura, compañera, la jornada!
Silente amiga en la hora de las musas
que ya no susurran versos de enamorados,
sino clamores de barricada y fuego.
Porque  sentiste la zozobra
y también el lenitivo de un abrazo,
la helada crueldad del abandono
y la calidez amable del cariño,
sabes brindarme el descanso del arrullo
del sonido de la paz y del sosiego,
la calma aterciopelada en tus caricias
y el misterio del brillo ambarino en tus iris.
Porque tú, noble criatura libre,
entiendes mi duelo por las libertades.

martes, 31 de diciembre de 2013

LOS DESEOS DE ESTAS AMAPOLAS PARA EL 2014

Arrancamos hoy la última página del almanaque, San Silvestre, 31 de diciembre, día postrero de este 2013 de nuestras entretelas. Cuando era pequeña, después de las uvas, hacía un curioso ritual con mi abuela: descolgábamos el cartón del calendario antiguo y poníamos el nuevo. Ser testigo de cómo tras las campanadas de las doce pasábamos, no ya de un día a otro, sino de un año a otro, significaba para la niña que yo era un momento mágico, misterioso y trascendente, aunque nada de especial hubiera en ello. Y es que hoy comprendo que la magia residía en el cariño de mi abuela, en la tradición de hacer ese gesto las dos juntas. 

Han pasado muchas Nocheviejas desde entonces, han caído muchas hojas del calendario y, para el ave nocturna en que me he convertido, la medianoche ha dejado de ser especial, tal vez lo especial sea el día que me sorprenda metida ya en la cama, pero esa frontera temporal imaginaria entre diciembre y enero sigue manteniendo su halo.

Yo no soy de buenos propósitos, nunca lo he sido, no creo en la enmienda automática, sino en los procesos. Nunca me planteo retos, porque sé que lo más seguro es que no los cumpla. Además, no puedo dejar de fumar porque no fumo, el numerito de la báscula no me dice nada, no me avergüenza reconocer que siempre huí del deporte y que mi mens sana ha habitado hasta ahora in corpore sano sin necesidad de machacarme, y, a no ser por prescripción facultativa, la cervecita y el buen vino en sus justas dosis sólo consiguieron quitármelos temporalmente mis dos hijos cuando eran pasajeros en mis entrañas o se alimentaban a mis pechos. Por otro lado, si alguna vez me volviera loca y me diera por poner en práctica alguna de esas cosas, mas me valdría aprovechar el avenate y no esperar al uno de enero.

Pero, como he dicho, esta noche sigue manteniendo algo del misterio de mis años infantiles, por eso en casa preparamos una cena especial, comemos las uvas, brindamos y nos deseamos lo mejor. Por eso también quiero desde este rinconcito perdido en el mundo virtual, enviar a quienes me leéis mis deseos para el 2014 que ya está llamando a la puerta para tomar el relevo del 2013 en esta danza ininterrumpida del tiempo. Yo querría que este año por fin tuviera lugar la utopía, que este mundo deslabazado, a veces tan desabrido, tan inhóspito, fuera ese paraíso perdido donde hombres y mujeres viviéramos en comunión con nuestros hermanos los animales, con la naturaleza, con nosotros mismos y con esa dimensión que nos hace plenamente humanos, casi divinos. Pero no sé por qué me da la impresión de que una vez más no va a poder ser, sin embargo sí podemos ponernos en camino. Eso es lo que os deseo y me deseo.





sábado, 21 de diciembre de 2013

FELIZ RENACER DE LA LUZ



Ilustración: Madre e hija de Nizza Gazzaneo
Texto: Quiero un Magnificat de Inma Calderón

jueves, 14 de noviembre de 2013

"CÁSATE Y SÉ SUMISA"... PUES VA A SER QUE NO

“¡No me da la gana!” Es lo primero que le sale decir a mi natural rebelde y libertario ante el título de este panfleto que tanta polvareda está levantando. Mas me paro a pensar, reflexiono y me digo: “¿Pero quién es esta señora para mandar al resto nada? ¿Quién es la tal Constanza Miriano para permitirse el lujo de decirnos a las demás lo que tenemos que hacer con nuestras vidas?” Evidentemente, nadie, una periodista italiana que, a tenor de las ediciones que el dichoso librito lleva en su país, se tiene que estar haciendo de oro a costa del sensacionalismo que supone volver a colocarnos a las mujeres sub iugo viri, una mujer que debe de vivir en una flagrante contradicción diaria, puesto que piensa que estamos hechas para el sometimiento y para volver a colocarnos debajo mientras lleva una existencia de fémina independiente en su trabajo en la RAI. Nos predica a las demás que callemos y soportemos el peso del servicio, pero ella pretende convertirse en líder de opinión, ¿me lo explica, signora?

¡Ah, no, claro! Que es que lo suyo es más profundo, afirma, más espiritual, que no tiene nada que ver  con tener una profesión o escribir un libro, sino con una actitud interna, con un modo de relación, con una vivencia del matrimonio y las relaciones entre hombre y mujer. Pues peor me lo pone. Sí, mucho peor, porque mucho más fácil es liberarse de las sumisiones externas, del yugo que se ve, que de ese que va por dentro, que se tiene interiorizado y se ha convertido en una sutil celada autoimpuesta revestida de espiritualidad.

He de reconocer que si me hubiera topado en las estanterías de una librería con esta obra, después de que el título me revolviera los higadillos, probablemente lo hubiera dejado pasar sin pena ni gloria: el contenido no es más que un batiburrillo en forma de cartas de tópicos trasnochados, tanto sobre las mujeres como sobre los hombres, que parten de ese esencialismo barato según el cual nosotras somos “mandonas”, controladoras y cotillas, y los hombres egoistones, medio lerdos y  cabezotas, y una serie de exhortaciones para que nos acomodemos al papel que nos asignó el patriarcado de mujeres consentidoras, sufridas y “con mano izquierda”. En fin, nihil novum sub sole, el mismo cuento de siempre de Blancanieves hacendosa y sumisa salvada por un príncipe azul cuya misión es defenderla hasta dar, si preciso fuera, la vida por ella, lo que pasa es que ahora adobado con prédicas piadosas de una supuesta visión cristiana.

Evidentemente, ninguna de estas sandeces iba a hacer mella en quienes ya tenemos el callo curtido y sabemos muy bien lo que queremos y lo que no, lo que estamos dispuestas a dar y lo que nos gustaría recibir, pero  en un país en donde todavía la violencia contra las mujeres es una lacra y en donde el setenta por ciento (si han leído bien, el setenta) de los adolescentes cree que los celos son una manifestación de amor y que las chicas tienen que ser complacientes con sus parejas, que la editorial de un obispado se permita sacar a la luz un libro, escrito para más inri por una mujer, en el que se defiende una postura espiritual y psicológica de sumisión de la esposa en el matrimonio es cuando menos una ligereza y una temeridad, y un insulto a las mujeres en general. Y es que ese cúmulo de lugares comunes y de despropósitos en forma de recomendaciones que es el libro, con esta edición, reciben el beneplácito de los representantes de una iglesia local: la diócesis de Granada, con lo que dejan de ser las opiniones, más o menos desafortunadas, de una particular para recibir carta de naturaleza para más de un feligrés o, lo que es peor, de una feligresa despistada que pudiera tomarlo como palabra de Dios y creerlo a machamartillo.

Por cierto, que hablando de Iglesia, y con ella hemos topado, como teóloga me pregunto cómo Constanza Miriano y los que de manera similar piensan pueden defender en nombre de la fe cristiana la sumisión de las mujeres ni de nadie, ¿en nombre de Jesús de Nazaret que instauró una comunidad de iguales? ¿Con la doctrina paulina en la mano cuando Pablo enseña que “ya no hay judío ni griego, libre ni esclavo, varón ni mujer” (ad Gal. III, 28)? Si algo aprendí en los años en que estudiaba y leía los textos y escritos de los orígenes del cristianismo, canónicos y apócrifos, en lengua original es que lo que allí se recoge va en la línea de la igualdad y la liberación, que su mística es mucho más de este mundo que del otro, y que el tal Jesús rechazaba de plano esa familia patriarcal en la que el varón tenía todas las prerrogativas, tanto que él no formó una, y tuvo la osadía de rodearse de mujeres fuertes, como la de Magdala, capaces de dar la cara cuando los varones de la comunidad corrían con el rabo entre las piernas. Pero, es evidente que si ese Jesús volviera, lo volverían a condenar los sacerdotes del Templo.

Y es que el cristianismo predica el amor y el servicio, sí, pero a varones y mujeres por igual, y también dice “ama a tu prójimo como a ti mismo”, como a ti mismo y no más, y que yo sepa en el evangelio no hay ningún mandamiento específico para las mujeres que las convierta en alfombrillas de los hombres.


Dice la Miriano que las feministas, entre las que desde aquí me incluyo, que se molestan con sus palabras es porque “ni están tranquilas ni son felices”. Pues mire usted, signora Miriano, venga usted acá pacá , como dicen en mi pueblo: tranquila, lo que se dice tranquila, no estoy. Soy una mujer inquieta, un culillo de mal asiento, como decía mi abuela, y en buena hora, que las mentes inquietas son las que hacen avanzar el mundo, para tranquilidad, la de los cementerios. Pero lo que es feliz lo soy en la medida en que podemos serlo en este deslavazado mundo en que nos ha tocado vivir. Y lo soy porque nunca tuve que someterme a nada ni a nadie, porque el equilibrio en mi familia está en el respeto y la igualdad, en que tanto mi pareja como yo sabemos ponernos abajo si hace falta y arriba cuando es preciso, no en un juego de poder desigual de subyugación, porque creo que ambos podríamos dar la vida por el otro, pero estoy segura que los dos la daríamos por nuestro hijo y nuestra hija, y porque me casé, no por un imperativo ni para buscar mi realización en el sometimiento, aunque fuera revestido de mística, sino porque me dio la gana. Lo mismo que tengo amigas que se sienten plenas y felices sin necesidad de haberse emparejado, porque, solas o con acompañamiento de vida al lado, somos naranjas completas, redondas y libres, sobre todo libres.